Cuáles son los países que mejor se preparan para el trabajo del futuro

Cuáles son los países que mejor se preparan para el trabajo del futuro

Fuente: Infobae

En Singapur, el billete de 2 dólares muestra a un maestro inmerso en una clase multitudinaria que lo escucha con atención. Debajo, simple y conciso, dice: “Education”. Las últimas pruebas internacionales PISA avalan el compromiso que proclaman. Fueron los primeros en ciencias, lectura y matemáticas, las tres disciplinas que se evalúan.

No conforme con ello, Singapur también encabeza el listado de los países que mejor se preparan para el trabajo del futuro. Los porcentajes de puestos laborales que desaparecerán en el corto y mediano plazo varían según el informe -50, 60 y hasta 70%-. En cualquier caso, se sabe que la inteligencia artificial, los robots, ocuparán los trabajos automatizados. Por eso, hace años, se empieza a escuchar sobre “habilidades blandas”.

En general, no aparecen en el currículum. Son difíciles de certificar. No hay un título universitario que las acredite. Refiere a competencias que exceden lo académico, que no se pueden cuantificar en pruebas estandarizadas, pero que son tanto o más importantes que las duras: la capacidad de resolver problemas, la creatividad, el pensamiento crítico.

Ahora, un análisis de Statista, que revela un artículo del Foro Económico Mundial, muestra a los doce países cuyos jóvenes se destacan en resolver problemas en equipo. Asia es claro dominador: Singapur, Japón y Corea del Sur encabezan la lista. Después le siguen Canadá, Estonia y Finlandia. Continúan Nueva Zelanda, Australia y Alemania. Todos ellos por encima del promedio de la OCDE establecido en 500 puntos.

¿Por qué esos países? “A mi juicio, hacen tres cosas de una manera diferente”, respondió a Infobae Juan María Segura, experto en gestión e innovación educativa. “Primero, conciben a la tarea de educar más allá de lo que ocurre dentro de un aula. Existe un acuerdo tácito entre los adultos de que con la educación no se juega. Segundo, abrazan el siglo XXI, tecnificado e hiperconectado, con toda la complejidad e incertidumbre que ello supone. Tercero, poseen un sistema productivo competitivo, dinámico y demandante de competencias y saberes relevantes para el trabajo”, explicó.

Melina Furman, bióloga y doctora en educación, le dijo a Infobae: “Son países que están invirtiendo muchos recursos y cabeza estratégica en sistemas educativos, en cómo potenciar los aprendizajes, en cómo formar docentes; una carrera muy prestigiosa, muy bien remunerada allí. Los asiáticos, sobre todo, descubrieron que el trabajo en habilidades es uno de los grandes focos si se piensa en formar para la vida”.

En Asia, la disciplina es ley. Por arraigo cultural, dice Furman, depositan mucho esfuerzo en el estudio y tienen exámenes de alto impacto, muy determinantes para su futuro. Por eso, no sorprende que estén en la cima de todas las pruebas internacionales. “Es para pensar cuán importante es que el desempeño en exámenes traccione tanto”, advirtió la especialista.

Habilidades blandas, más difíciles de aprender

El Informe del futuro del trabajo, del Foro Económico Mundial de 2016, anunció un cambio drástico de las habilidades imprescindibles en cinco años. Solucionar problemas complejos sigue siendo la fundamental, pero pensamiento crítico y creatividad -antes en el fondo del ranking- cobran especial relevancia. También aparecen por primera la inteligencia emocional y la flexibilidad cognitiva. El nuevo artículo resalta que, al ser intangibles, las habilidades blandas son más difíciles de enseñar, dice que en cierta medida son innatas.

 

Claudia Romero, directora del área de Educación en la Universidad Torcuato Di Tella, consideró que “blandas” no responde a su carácter. “Son habilidades complejas y tan duras como las otras. Son ‘blandas’ porque no pertenecen a un cuerpo disciplinar consolidado y ‘duras’ en su realización porque la escuela no esta diseñada para que se desarrollen”, reflexionó.

Para Alejandro Melamed, experto en recursos humanos y autor de El futuro del trabajo y el trabajo del futuroson complementarias. “Tradicionalmente se consideraba que eran dos campos opuestos, pero hoy se habla de complementación. Ya no hay habilidades blandas puras ni duras puras. Cada una tiene parte de otra. Científico-artístico o artístico-científico”, sostuvo.

Ya a mitad de camino de ese trayecto de cambio 2015-2020, continúan en boga un puñado de competencias blandas: creatividad, pensamiento crítico, resolución de problemas, colaboración, pero hay muchas otras. Por caso, una investigación del neurocientífico Stephen Kosslyn, fundador de la Universidad Minerva, identificó 115 “hábitos de mente”, que exploran la autonomía, la empatía, el cuestionamiento, entre otros.

Más allá de la mayor dificultad, los especialistas coinciden en marcarlas como “enseñables y aprendibles”. ¿Qué se debe hacer? “Requieren de intervenciones pedagógicas específicas para su pleno desarrollo. Son de ese tipo de saberes que se aprenden haciendo, en la práctica”, contestó Romero.

Melamed, por su parte, señaló: “Las habilidades se aprenden a través de experiencias significativas. A diferencia de un conocimiento, se desarrollan en vez adquirirse. A partir de experimentar distintas dificultades, de la prueba, el ensayo y el error, se fortalecen los recursos internos para enfrentarlo”.

La escuela tradicional atenta contra el aprendizaje del mañana. La currícula formal no ofrece soluciones para un futuro de incertidumbre, en el que “aprender a aprender” será condición insoslayable. Por caso, la autonomía requiere que los chicos se puedan desplazar con libertad en la escuela, pero el aula aparece como el único espacio de aprendizaje. La creatividad se podría promover a partir de problemas matemáticos, propone Romero, pero hoy, en general, se dan planteos con una única solución que el alumno debe resolver por su cuenta, sin consultar a nadie más que al profesor.

Para muchos, el aprendizaje basado en proyectos es el mecanismo más eficaz para enseñar las habilidades alternativas. “Pero es necesario que sean bien diseñados y que se especifique el tipo de competencias que se pretende desarrollar a partir de cada proyecto”, aclaró Segura. “Lleva tiempo. No es algo que se aprende de una vez. Requiere de una práctica sostenida como parte de una cultura escolar“.